Salmos 24:7-9 - “Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, Y alzaos vosotras, puertas eternas, y entrará el Rey de Gloria. ¿Quién es este Rey de Gloria? Jehová el fuerte y valiente, Jehová el poderoso en batalla. Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, Y alzaos vosotras, puertas eternas, y entrará el Rey de Gloria.”
En una ocasión, recuerdo estar en una graduación de escuela superior donde cientos de estudiantes tuvieron el honor de graduarse. Cumpliendo la tradición ceremonial, cada estudiante fue llamado uno por uno hacia la tarima para recibir su diploma y grado por el cual tanto se habían esforzado. A pesar del gozo y alegría que abundaba en aquel suceso, pude notar algo interesante. No todos los estudiantes recibían la misma cantidad de aplausos ni la misma reacción de la audiencia. Fueron pocos los que recibieron muchos aplausos y elogios mientras que muchos apenas recibieron reconocimiento y bulla (gritos/celebración) de la audiencia presente. Había estudiantes con pequeñas familias y otros con grandes familias, de tal manera que tuvo que tomar el momento para reflexionar en cada celebración específica que recibía cada estudiante. Esto me llevó a pensar, ¿será la grandeza de cada estudiante similar a sus elogios? Serán más diestros aquellos que recibieron más aplausos y reconocimiento? A pesar de cada uno tener su propia identidad no basada en aplausos o reconocimiento, la Entrada de una Persona hacia un Lugar y la Reacción de los allí presentes puede llegar a decir mucho de aquel quien se Aproxima. Si la entrada de un estudiante nos lleva a reflexionar de tal manera, cuanto más no debería causar en nosotros la Entrada de un Dios el cual es Dueño de la Tierra y Su Plenitud?
Es interesante notar como hoy día solemos enfocarnos en el estatus social, político o financiero de una persona para entonces reaccionar ante todo lo que hacen pero también a cada momento donde deciden entrar al lugar al que estamos. Hay personas que no tardamos para recibir y saludar inmediatamente, pero hay otras personas que si escogemos tomar nuestro tiempo y no apurar el saludo, o inclusive ni siquiera reconocer su presencia aun cuando están entre nosotros. Es aquí donde se crea esa mentalidad de que las personas tienen que ser dignas de nuestra atención y servicio. Solemos olvidar el mandato de Jesús, uno que nos exhorta a amar al prójimo como a nosotros mismos, y servir a los demás sin importar su estatus o condición. A pesar de que una cosa es RECONOCIMIENTO, y una distinta es ATENCIÓN, solemos confundir ambas y decidir ser los autores de a quienes reconocemos y a quienes atendemos. Es certero que no todos necesitan ser reconocidos, pues de eso se encarga el Señor mismo, pero si hay un mundo que mucho más que recibir reconocimiento, lo que sí necesitan es nuestra atención. El Señor es quien Brinda la Recompensa a los Transformados, pero es la Iglesia quien provee el Servicio a todos los Necesitados. Es necesario no confundir el Reconocimiento con el Servicio.
Cuando visitamos el contexto en el Salmo 24, podemos ubicarnos en la historia en tiempos donde el Salmista anticipa la llegada y el regreso del Arca de la Presencia hacia el pueblo escogido de Dios. Recordando el significado del Arca, aquello que simbolizaba la presencia de Dios, si el Arca estaba ausente, esto significaba que Jehova también podía estar ausente. Por lo tanto, si ahora el Arca habría de volver al lugar que un día perteneció, esto significa que el Arca estaba por hacer una Entrada. David estaba al tanto del valor del Arca, y debido al gozo que esto trae hacia el pueblo que habría de recibirla, el Salmista reconoce que el pueblo tiene que hacer algo conmemorativo para tal suceso. No podían dejar que el Arca entrara así porque sí, sino que tenía que haber un Recibimiento y un Reconocimiento, pues mucho más que ser una caja, era simbolismo de un Dios que era tan Grande que decidió representar Su Presencia con una Caja, algo Tangible para no consumir al pueblo con Su Gloria Intangible. Algo Tangible no puede Resistir a Alguien Intangible, pero Alguien Intangible, si puede Reducirse hacia lo Tangible. Es por esto que un día nuestro Redentor se despojó de Sí mismo, de Su Gloria y Morada Celestial para venir y Servir entre los hombres, para que así lo Tangible, un día pudiera morar en lo Intangible.
Es aquí donde David decide proclamar las famosas palabras que hoy día utilizamos en muchos cánticos y momentos de liturgia Pentecostal, el Salmista expresa que era necesario Alzar las Puertas de la Ciudad. Bajo el contexto, las Puertas mayormente eran referencia a la entrada de la Ciudad, del lugar en el que moraban como así también podría referenciar al Templo. En esta ocasión aplicamos ambos ya que el Arca iría para el Templo, pero el Dios del Arca era para todos los Moradores de la Ciudad. Levantar las puertas de la Ciudad era común que ocurriera ante la llegada de un Rey, de un Ejército, o de alguien de suma importancia o alguien inesperado, en esta ocasión, el Salmista les está diciendo, no estamos por recibir a alguien cualquiera, sino que es necesario Alzar las Puertas, pero también nuestras Cabezas, pues es el que ha de entrar es mas Grande que las Puertas y todo lo que rodea la Ciudad. La Grandeza de Jehová es tan Grande que no existe nada en la Tierra con qué Compararlo. Al levantar nuestras Cabezas reconocemos que alguien tan pequeño como el hombre solo puede mirar hacia arriba en esperanza de ver la Majestad del Dueño de la Tierra y Su Plenitud. En esperanza de que Aquel que es más Grande, se Reduzca para ser Visto por los Pequeños. Los Pequeños miran hacia Arriba, mientras los Grandes son los que miran hacia Abajo. Son tantas las ocasiones que menospreciamos Su Grandeza, pensando que los montes, que los mares, que las llanuras están a Su Altura, sin embargo, la Biblia nos confirma que los Montes y los Mares le obedecen, y que Jehova habita en Su Santo y Separado Templo. Por eso Jehova no solo pide ser Reconocido, Él pide ser Adorado, Él no solo quiere nuestra Atención, Él quiere nuestra Prioridad.
La Iglesia del Siglo 21 también anda en espera de una Entrada, de un Regreso, del mejor suceso que está por acontecer. Es por esto que Lucas en su evangelio nos recuerda lo siguiente; “Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestras cabeza, porque vuestra Redención se acerca.” Así como el Salmista Redactó Salmos sobre el Regreso del Arca, la Iglesia Cantará sobre la Venida de Su Redentor. De la mejor manera que la Iglesia puede vivir mientras espera a Su Señor, es con Rodillas Inclinadas, y con sus Rostros Erguidos. De nada vale un Templo con sus Puertas Alzadas, si no hay Vasijas con sus Rostros Erguidos. El Señor no vendrá en busca de Templos Decorados, sino en busca de Cristianos que han sido Transformados. El no necesita un Templo y Puertas Alzadas, pues ya Él habita en Su Santo Templo y en un lugar el cual nuestros ojos y oídos no son capaces de apreciar su hermosura. Nuestra generación ha invertido mucho tiempo en Alzar las Puertas de los Templos, mas no Erguir Sus Cabezas y Transformar sus vidas. Todos los días debemos de Erguir nuestras cabezas, ya sea en anticipación de Su Regreso, o en espera de un destellito de Su Gloria el cual sea manifestado hacia nosotros.
Al terminar este escrito, no olvides Erguir tu Cabeza, y apreciar otro día de vida, y un momento más en Su presencia.
"De nada vale un Templo con sus Puertas Alzadas, si no hay Vasijas con sus Rostros Erguidos."
Autor: Jorge Colón
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02.02.2026