Salmos 148:3-4 - “Alabadle, sol y luna; Alabadle, vosotras todas, lucientes estrellas. Alabadle, cielos de los cielos, Y las aguas que están sobre los cielos.”
En una ocasión escuché a un anciano decir unas palabras dignas de nunca olvidar y de atesorar en lo profundo de nuestro corazón. El anciano pronunció lo siguiente; “En muchas ocasiones, ya sea ante la duda, ante el afán, la ansiedad, el dolor, soledad, y mucho mas, lo único que necesitamos escuchar y recordar, es que fuimos creados para Adorarle.” Estas palabras me llevaron a recordar que es tanto posible cómo necesario que el ser humano logre adorar a Dios sin importar la circunstancia, el lugar, el tiempo, y el espacio en el cual nos encontremos. Dios busca ser Adorado por Su Identidad y Esencia, y no por nuestra Complacencia o Necesidad. Son tantas las ocasiones que vimos a la humanidad adorar a Dios de diferentes maneras, desde los comienzos con los altares y el sacrificio, la poesía, las ofrendas, la oración, los ayunos, en conjunto con la transición al NT donde ya el hombre comenzó a postrarse al entender el concepto de la adoración al más allá de lo que entendían en el AT. Es aquí cuando el hombre pudo entrar en la Adoracion en Espiritu y En Verdad, no basado en Actos Momentáneos, sino en un Estilo de Vida Sincero y Duradero. Es hermoso notar el Concepto de la Adoración ser manifestado desde el hombre hacia Dios, uno que hemos estudiado previamente en nuestros escritos, sin embargo, que decimos cuando notamos que Dios no sólo permitió ser Adorado por el Hombre, sino también por la Naturaleza? ¿Cómo podrá adorar una naturaleza la cual no cuenta con un alma y composición como la del hombre?
Es interesante notar las diversas menciones que la Biblia contiene en cuanto a la naturaleza. Aun desde el Génesis como hasta lo último del Apocalipsis, Dios se encarga de establecer su Autoría sobre la Naturaleza, al confirmar que es Dios mismo quien estableció los Cielos, los Mares, los Arbustos, los Animales, y todo lo que hoy podemos llamar Naturaleza. A pesar de que el hombre hoy puede disfrutar de la naturaleza, no somos los dueños de la misma. Era la intención de Dios que el hombre señoreara el paraíso creado por Dios, pero al Dios notar que el hombre no podía administrar su propio corazón y al saber que mucho menos podría administrar algo tan Majestuoso, Dios entonces expulsó al hombre del paraíso pero aún así preservó la Naturaleza. Nos tomaría un extenso tiempo estudiar la Naturaleza y su esencia, pero si existe algo que sabemos con certeza, es que la Naturaleza también respira, tiene vida, fue creación de Dios con propósito e intención. Bajo este concepto donde vemos que la Naturaleza tiene la capacidad de respirar, tenemos que entonces recordar las palabras del Salmista en su Salmo 150 donde se nos dice que “Todo lo que Respire, alabe a Jehova.” Si la Naturaleza tiene la capacidad de Respirar, también debe de poseer la habilidad para Adorar. Así como Dios espera nuestra Adoración, Dios también presta Su Oído y Atención al Cantar de las Aves, al Susurrar de los Vientos, y al Mover de los Montes y Collados. Aun con lo glorioso que suenan estas palabras, aun con lo majestuoso que debe de ser poder observar la naturaleza adorar, tenemos que entonces preguntarnos, cómo podrá suceder esto? Tendrá la Naturaleza una manera en específica a través de la cual puede Adorar?
El canto del Salmista en la porción de contexto invita a la Naturaleza directamente a Adorar, el Salmista no provee las instrucciones específicas pero el Salmista si confía que la Naturaleza sabe quién es Jehová, y que también sabe lo que es la Adoración. Así como Dios conoce Su Creación, Él ha brindado la Capacidad para que Su Creación también pueda Conocerle. Desde el principio, la Naturaleza no ha solamente obedecido las órdenes de Jehová, sino que también ha presenciado todo lo que Él ha hecho. Podemos imaginar los Árboles y los Mares del Comienzo, podemos imaginar los animales que conocieron a Adan y Eva, como también podemos imaginar el agua que fue derramada como diluvio, quizás aun en su destrucción, la obediencia de estas aguas al caer pudieron haber brindado adoración y olor grato a Jehová, a Aquel que envió el agua. La Biblia no nos confirma una manera específica a través de la cual la Naturaleza le Adora, pero la Biblia sí nos confirma que la Naturaleza si brinda Adoración a Su Creador. Esta Adoración está basada en aquellas limitaciones o habilidades que la Naturaleza pueda tener. Entre los tantos ejemplos que pudiéramos considerar, en el libro de los Hechos se nos muestra como luego de los discípulos orar juntos, el lugar en el cual estaban congregados tembló, también produciendo que todos fueran llenos del Espíritu Santo. Este lugar, ya sea un monte, colina, o simplemente la tierra, supo responder al Dios al cual estaban orando, eso, lo podemos llamar Adoración. Una de las frases más utilizadas por la Iglesia, es cuando mencionamos que ante la presencia de Jehová, tiembla la tierra. ¿Por qué ha de temblar la tierra? La tierra tiembla ante Jehová tanto en reverencia, en reconocimiento de Aquel que la Creó, pero también en Adoración, ya que la Adoración es una Respuesta hacia lo que Dios ya hizo en nosotros. El Salmista también nos regala el ejemplo al decirnos que el mar Le vió y huyó, que El Jordan se volvió atrás, que los Montes saltaron como carneros, y los collados como corderitos. Estos ejemplos no solo muestran la Hermosura de la Naturaleza, sino también la Majestad del Creador. Si aun con toda su hermosura, la Naturaleza reconoce que Su Creador es mucho más Superior que ella, cuánta Gloria no habrá en nuestro Señor. Si nos admiramos ante los montes altos, las profundidades de la mar, cuanto más no habrá reservado en el Reino de los Cielos?. Recordemos, la Naturaleza no fue Creada a Su Imagen y Semejanza, pero aun asi, la Naturaleza sirve como reflejo de aquella hermosura reservada en el Reino de los Cielos.
No podemos concluir sin notar un escenario de Adoración muy interesante pero también muy olvidado. Así como hemos visto la Adoración Terrenal más aquella brindada por la Naturaleza, no podemos olvidar que existe una Adoración Celestial. En el capítulo 4 de Apocalipsis, Juan nos habla sobre un momento de Adoración Celestial que el Sennor le permitió apreciar. Allí, Juan puede notar que había Uno sentado en un trono el cual diversos ancianos y seres vivientes que no cesaban de Adorar. Es interesante notar que aun aquellos en el Cielo, que le pueden ver todos los días y en todo momento, aun para ellos la Adoración es necesaria. Si para aquellos en el Cielo, es importante no cesar de Adorar, cuanto más importante no será para los moradores de la Tierra? Es inevitable analizar este tema y recordar las palabras en Romanos 14:11 “Vivo yo, dice el Señor, que ante mí se doblará toda rodilla, y toda lengua confesará a Dios.” Esto significa que a pesar de hoy día la Adoración Terrenal es separada de la Adoración Celestial y aquella brindada por la Naturaleza, llegará un día donde todas se combinarán y formaremos un Coro tan hermoso y armónico donde Todo lo Creado podrá Confesarle. La Meta del Cielo es que llegue el Día donde Todos Puedan Adorarle no solo de Manera Individual, sino de manera Colectiva.
Dios ama escuchar al Hombre Adorar, Dios ama escuchar la Naturaleza Adorar, Dios ama escuchar los 24 Ancianos y los Seres Vivientes Adorar, pero Dios también anhela el Día que podrá escuchar a Todos Adorándole a una Sola Voz y un Solo Sentir.
"Dios ama escuchar al Hombre Adorar, Dios ama escuchar la Naturaleza Adorar, Dios ama escuchar los 24 Ancianos y los Seres Vivientes Adorar, pero Dios también anhela el Día que podrá escuchar a Todos Adorándole a una Sola Voz y un Solo Sentir."
Autor: Jorge Colón
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02.09.2026